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La bronca por el futuro avión de combate europeo

La bronca por el futuro avión de combate europeo

Bienvenido al número 16 de Dossier Bruselas. El FCAS, el mayor programa de armamento de la historia europea, el que debía crear el caza de combate de sexta generación, un programa valorado en más de 100.000 millones de euros, está a punto de morir. Alemania (con España) no se pone de acuerdo con Francia. Cada uno hará el suyo. El canciller Friedrich Merz dijo la semana pasada que el FCAS “tiene un verdadero problema” y sugirió que Alemania podría desarrollar su propio caza con España y otros países. Sin Francia. El ministro de Defensa de Bélgica, Theo Francken, dijo que el FCAS “ha muerto”.

La noticia. El FCAS al borde del colapso.

El Future Combat Air System (FCAS) era el proyecto más ambicioso de la defensa europea desde el Eurofighter. Concebido en 2017 por Francia y Alemania -España se incorporó en 2019- aspiraba a desarrollar un caza de sexta generación, una red de drones colaborativos y “una nube de combate” impulsada por inteligencia artificial. Su objetivo era reemplazar tanto los Rafale franceses como los propios Eurofighter alemanes y españoles a partir de 2040.

Pero la gran promesa de la autonomía estratégica europea ha degenerado en una guerra de trincheras industrial. Las tres empresas líderes (la francesa Dassault, la franco-germana-española Airbus y la española Indra) llevan años siendo incapaces de cerrar quién hace qué, quién manda y qué avión quieren. Francia llegó a exigir liderar el 80% del diseño y Alemania rechazó pagar por un avión que consideraba diseñado a medida de los intereses franceses. España, que apostó al FCAS, observa cómo el proyecto se diluye.

El 31 de diciembre de 2025 era el plazo que los tres gobiernos se habían fijado para tomar una decisión, pero no tomaron ninguna. A principios de febrero de 2026, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, reconoció que el margen técnico estaba agotado y que la solución dependía únicamente de una reunión entre Merz, Macron y Sánchez, pero esa reunión sigue sin fecha.


Mapa de poder

Quién manda

  • Dassault Aviation (Francia). Líder industrial francés y constructor del Rafale. Exige controlar el diseño del caza. Ha llegado a afirmar que podría sacar adelante el programa en solitario. Su CEO, Éric Trappier, ha criticado públicamente a Berlín por comprar F-35 en lugar de apostar únicamente por soluciones europeas.
  • Airbus Defence and Space (Alemania). El gigante europeo lidera la parte alemana y defiende una gobernanza más equilibrada. Su director general, Michael Schölhorn, ha empezado a hablar abiertamente de “dos aviones distintos” como opción viable. También ha abierto conversaciones con Saab (Suecia) como alternativa si el bloqueo con Dassault no se resuelve.
  • Indra (España). Lidera la parte española del programa: sensores avanzados, inteligencia artificial y sistemas de combate colaborativo. Se ha posicionado como “parte de la solución” ante el bloqueo franco-alemán, pero su margen de maniobra real es limitado. España no controla las palancas políticas clave.

Quién gana

  • Dassault, si logra imponer su liderazgo, obtendría el mayor contrato aeronáutico de la historia europea sin ceder control real.
  • El programa GCAP (Global Combat Air Programme), el caza rival que desarrollan Reino Unido, Italia y Japón. La parálisis del FCAS le da tiempo para consolidarse y atraer a potenciales socios. Incluso a Alemania. Su objetivo de entrada en servicio es 2035, cinco años antes que el FCAS.
  • Lockheed Martin. Cada semana que el FCAS no avanza, el F-35 gana terreno en Europa como única alternativa madura disponible.
  • La industria turca. El caza KAAN, de quinta generación, ha empezado a sonar en los análisis sobre alternativas para España, aprovechando el vacío. El director general de TAI ha reconocido que “España es uno de los países con los que cabe colaborar”.

Quién pierde

  • España. Madrid apostó todo al FCAS rechazando comprar F-35 para no debilitar el programa europeo. Ahora se arriesga a quedarse sin caza de sexta generación y sin quinta generación, mientras sus Eurofighter envejecen. El Ejército del Aire ha rebautizado internamente su programa como Proyecto Astra, pero por ahora no tiene una solución.
  • La idea de autonomía estratégica europea. Si el mayor proyecto de defensa europeo colapsa por una disputa de egos corporativos, el mensaje es devastador: Europa no puede construir lo que necesita para defenderse sin depender de Washington o de programas bilaterales.
  • Francia-Alemania como eje político. Las tensiones del FCAS han contagiado a otros programas. Macron ha advertido explícitamente que si Berlín abandona el FCAS, París reconsiderará su participación en el programa conjunto de carros de combate.

A quién seguir

  • Friedrich Merz, canciller alemán. Su posición es la que más ha cambiado en las últimas semanas. Ha pasado de defender el programa a reconocer un “verdadero problema” y sugerir alternativas sin Francia. Su próxima conversación con Macron es la que decidirá el futuro del FCAS.
  • Emmanuel Macron, presidente de Francia. En una entrevista simultánea en seis periódicos europeos el 10 de febrero dijo que el FCAS “no está muerto” y prometió hablar con Merz. Su oficina rechazó la caracterización de Merz sobre los requisitos franceses como algo nuevo, argumentando que el disuasivo nuclear siempre estuvo en el contrato.
  • Margarita Robles, ministra de Defensa de España. Ha participado en las reuniones trilaterales en Berlín (diciembre 2025) sin que se alcanzara acuerdo. España aboga por la continuidad pero no controla el juego. El socio menor del proyecto debe esperar.
  • Eric Trappier, CEO de Dassault Aviation. Es el principal bloqueo industrial del programa. Su empresa defiende que sin liderazgo claro no hay integración posible, y que “solo” no significa únicamente Francia sino un “ecosistema europeo de subcontratistas” —lo que en la práctica supone un FCAS a la francesa.

Próximas batallas

  • El choque de requisitos. El problema técnico de fondo es que Francia quiere un avión de 15 toneladas capaz de operar desde portaaviones y transportar armas nucleares. Alemania prefiere uno de 18 toneladas orientado a la superioridad aérea terrestre. Son dos aviones distintos. Merz lo ha dicho sin rodeos: “En la Bundeswehr no necesitamos eso en este momento”.
  • La reunión Merz-Macron. Es la única vía de rescate que queda. Boris Pistorius ha sido explícito: “La solución está en manos de los jefes de Gobierno”. Pero esa reunión lleva meses sin fecha concreta, sepultada bajo otros asuntos de la agenda franco-alemana.
  • La ventana del GCAP. El programa rival avanza. Si el FCAS sigue paralizado y el otro programa sigue avanzando, llegará un momento en que el GCAP no acepte más socios.
  • El combat cloud como plan de salvamento. Lo único en lo que los tres países parecen estar de acuerdo es en seguir desarrollando la “nube de combate”: el sistema distribuido de mando y control basado en IA que conectaría en tiempo real cazas, drones, sensores navales y radares terrestres. Es lo que desarrolla Indra. Hay propuestas de acelerar su entrada en servicio a 2030 —una década antes de lo previsto— como único pilar que salvar si el caza cae.
  • La decisión de España sobre el F-35. Si el FCAS se rompe, Madrid tendrá que reabrir un debate que dio por cerrado. Lockheed Martin no tendría ningún problema en vender a España. Pero comprar F-35 bajo la Administración Trump implicaría una dependencia tecnológica que el Gobierno actual ha rechazado explícitamente, y rompería la posición política de apoyo al proyecto europeo.

Radar geoeconómico

  • 100.000 millones de euros: coste estimado total del programa FCAS a lo largo de su vida útil.
  • 8.000 millones de euros: inversión prevista de los tres países hasta 2029 en las fases de demostrador.
  • 350 millones de euros: préstamo del Gobierno español a Indra y su UTE con Airbus, aprobado en septiembre de 2025.
  • 2040: fecha prevista de entrada en servicio, frente a 2035 del GCAP rival.
  • 2029: fecha prevista para el primer vuelo del demostrador (ya retrasada respecto al 2027 original).
  • 33%: participación de cada país según el acuerdo original, que Dassault quiere revisar en su favor.
  • 80%: porcentaje del caza que Francia exige controlar, frente al tercio acordado.
  • 15 toneladas vs. 18 toneladas: el peso del desacuerdo, literalmente — el avión que quiere Francia vs. el que quiere Alemania.

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El análisis. El fracaso del gran proyecto europeo de defensa

El FCAS no es el primer programa europeo de armamento que colapsa por los mismos motivos. El Eurofighter tardó 15 años en llegar al servicio activo. El Tigre y el NH90 acumulan retrasos y sobrecostes. El A400M se entregó con años de retraso y sin cumplir todas las especificaciones. El patrón se repite porque los motivos del fracaso son los mismos. Los países tienen intereses industriales distintos, sus empresas anteponen el retorno nacional al proyecto común y los gobiernos no quieren perder influencia.

Con el FCAS, sin embargo, el bloqueo es más profundo porque la disputa no es sobre tiempos o costes. Francia y Alemania tienen visiones distintas de sus políticas de defensa. París quiere un avión que pueda llevar la bomba atómica y operar desde portaaviones, porque es una potencia nuclear con ambiciones globales. Berlín quiere superioridad aérea sobre Europa, sin el peso de la disuasión nuclear y sin barcos desde los que operar. España no tiene ni pretende tener armamento nuclear, pero sí proyecta (Navantia) un portaaviones donde pueda operar el FCAS.

El contraste con el programa rival —el GCAP de Reino Unido, Italia y Japón— es ilustrativo. Ese consorcio también tiene tensiones internas: el ministro de Defensa italiano ha acusado públicamente a Londres de no compartir tecnologías clave. Pero ha establecido una gobernanza clara, ha creado una empresa conjunta (Edgewing) y mantiene el objetivo de 2035. La diferencia está en que los tres socios tuvieron la voluntad política de ceder algo para avanzar, incluso contando con Japón, un país ajeno a la defensa europea.

El resultado para Europa es paradójico: en un momento en que el continente intenta demostrar su capacidad de defenderse sin depender de Estados Unidos, su mayor proyecto de defensa aérea está a punto de demostrar exactamente lo contrario.


El impacto en España

España se incorporó al FCAS en 2019 como socio de pleno derecho, lo que le dio participación en todos los pilares del programa a través de Indra y Airbus España. La apuesta fue total: el Gobierno rechazó comprar F-35 precisamente para no debilitar el proyecto europeo.

En septiembre de 2025, el Ministerio de Industria aprobó un préstamo de 350 millones de euros a Indra y su UTE con Airbus: 270 millones para el contrato tecnológico del sistema de armas (NGWS) y 80 millones para el FCAS nacional. El dinero ya está comprometido.

El Ejército del Aire ha rebautizado su participación como Proyecto Astra, definiendo el FCAS no como un avión sino como un “sistema de sistemas” que incluye el caza, la nube de combate y los drones colaborativos. El general Francisco Braco, Jefe del Estado Mayor del Aire, expresaba en diciembre su confianza en un acuerdo “antes de finales de 2025”. No llegó.

La posición de España es incómoda: demasiado pequeña para imponer su criterio, pero ya demasiado implicada para salir sin coste. Las fuentes del Ministerio de Defensa insisten en que “el FCAS va a seguir en cualquiera de las dos vías”, pero si el FCAS con los franceses muere, la opción más potable para Defensa sería seguir adelante con Alemania y Bélgica. Si el programa original se rompe, España estaría al lado de Alemania, no de Francia.


El gráfico de la semana

Lecturas de la semana

Nos vemos el próximo miércoles.

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