El Lobito, la vía europea al mineral africano
Bienvenido al número 3 de Dossier Bruselas. Hoy, tras la cumbre entre la Unión Africana y la Unión Europea, hablaremos del estratégico corredor del Lobito.
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Europa vuelve al corazón de las tinieblas. El cuento de 1899 del escritor polaco Joseph Conrad nos enseñó la brutalidad con la que los europeos trataron a los habitantes de las regiones del centro de África. Con mejores modos pero en parte las mismas intenciones (extraer minerales) Europa vuelve al corazón de África.
La noticia
El presidente federal alemán, Frank Walter Steinmeier, viajó a finales de octubre en tren desde el puerto del Lobito, en Angola, hasta la región congoleña de Kolwezi/Tenke, a 1.300 kilómetros. Steinmeier hacía de avanzadilla para la cumbre entre la Unión Africana y la Unión Europea que se celebró esta semana.
¿Qué hacía ahí Steinmeier? Lo mismo que hizo el 4 de diciembre de 2024 el todavía presidente estadounidense Joe Biden.
Lo mismo que fueron a hacer Úrsula Von der Leyen, Antonio Costa, Pedro Sánchez o Friedrich Merz esta semana.
El corredor del Lobito es una de las infraestructuras más importantes ahora mismo en África y puede ser esencial para la industria europea. Por esa vía férrea deben salir desde el centro de la República Democrática del Congo y Zambia hacia el Lobito el cobalto, el cobre y otros minerales por los que Europa desespera. El ferrocarril de Benguela, base del corredor y construido en 1931, estuvo décadas fuera de servicio mientras la jungla se iba tragando sus vías.
El dinero europeo lo reabre. Más de 2.000 millones de euros de Global Gateway de la Unión Europea están modernizando una vía que, además, tendrá un nuevo ramal de 800 kilómetros que llegará hacia la zona minera de cobre de Zambia.
Europa se está adelantando a Estados Unidos. La Administración de Joe Biden había prometido 550 millones de dólares que nunca puso. La inversión estadounidense parece bloqueada también con la Administración de Donald Trump. China deja espacio porque su inversión se fue a otra ruta, hacia el Índico, desde Kapiri Mposhi (Zambia) hasta Dar es Salaam.
Mapa de Poder
Quién manda
- Los gobiernos de Angola, República Democrática del Congo y Zambia.
- La Comisión Europea (Global Gateway) y los gobiernos conectados con la infraestructura, como el alemán y el belga.
Quién gana
- Las empresas mineras, de logística y de infraestructuras, la mayoría europeas.
- La minera canadiense Ivanhoe Mines.
- Los puertos europeos que recibirán los minerales. Tendrán un papel destacado Las Palmas y, sobre todo, Algeciras.
Quién pierde
- Los países y empresas que lleguen tarde al negocio.
- Operadores dependientes de los cuellos de botella de los mercados asiáticos.
A quién seguir
- Al comisario europeo Josef Sikela, el hombre que controla la cartera de gasto del Global Gateway.
- Operadores ferroviarios, de puertos y navieras.
- Ivanhoe Mines. La canadiense opera la mina en consorcio con dos mineras chinas.
Próximas batallas
- Quién pone la financiación adicional. Si es europea, la batalla contra Estados Unidos y China para controlar ese corredor estará cerca de ganarse.
- Competencia con China por los suministros. Lobito y Dar es Salaam deben alimentarse, en parte, de minerales de la misma región de Zambia.
Radar Geoeconómico
- El Corredor del Lobito es el eje ferroviario que une regiones de Zambia y República Democrática del Congo con el puerto angoleño de Lobito, el único de aguas profundas del país.
- El tren tarda 8 días desde Kolwezi a Lobito. Los camiones tardan 25 días hasta Durban, en Suráfrica.
- Mina clave: Ivanhoe Mines (empresa concesionaria de la mina, de matriz canadiense) espera extraer 1,5 millones de toneladas al año en una década. En 2026 ya extraerá 40.000 toneladas al mes.
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Cuatro preguntas a Poorva Karkare
Analista del European Centre for Development Policy Management y co-autora de un informe esencial para entender qué se está jugando en el Corredor del Lobito

¿Por qué el Corredor de Lobito gana importancia ahora como ruta de exportación de minerales en África?
El Corredor de Lobito abarca distintos aspectos: las líneas ferroviarias brownfield que conectan la región cuprífera de la RDC con Lobito, la línea ferroviaria greenfield que conecta la región cuprífera de Zambia con Lobito, y las redes de carreteras a lo largo de estas rutas.
La línea ferroviaria brownfield existe desde principios del siglo XX; fue rehabilitada después de haber sido destruida durante la guerra civil de Angola y aún necesita obras en el lado de la RDC para estar plenamente operativa. La línea ferroviaria greenfield plantea serias dudas sobre su viabilidad comercial.
Volviendo a tu pregunta sobre por qué Lobito se esté volviendo importante, debemos preguntarnos “¿importante para quién?”. Porque para los países productores de minerales (en este caso la RDC y Zambia) Lobito es UNA de las opciones para exportar minerales, y ni de lejos la más importante (actualmente la mayoría de los minerales se transportan hacia el este, a Dar es Salaam, antes de exportarse).
Se ha vuelto “importante” para Occidente como vía de acceso a materias primas críticas, pero debemos distinguir entre la retórica y la realidad, porque:
Occidente no importa directamente minerales de estos países, e
incluso si lo hiciera, no tiene la capacidad necesaria para refinarlos.
El cuello de botella para Occidente no son los minerales en bruto en sí mismos, sino los materiales refinados o procesados que luego pueden utilizarse en aplicaciones industriales, y gran parte de ese procesamiento tiene lugar en China (la mayoría de los minerales, ya vengan de Dar es Salaam, Durban o Lobito, van a China para ser refinados).
¿Cuál considera el principal riesgo que impide que el Corredor de Lobito se convierta en una herramienta real de diversificación para Europa?
Ese problema, que todo debe primero pasar por China porque en China está la mayor parte de la capacidad de refinado.
Desde la perspectiva de las comunidades locales, ¿qué tendría que ocurrir para que el proyecto aporte beneficios visibles en lugar de percibirse simplemente como otro corredor extractivo?
Tenemos que distinguir entre las comunidades locales, es decir, las directamente afectadas por las operaciones mineras, y los beneficios socioeconómicos internos más amplios. Ambas cosas están relacionadas, pero no son lo mismo.
Para las comunidades locales de la región minera, que normalmente no están directamente empleadas o involucradas en las operaciones de extracción, sus medios de vida (pesca, agricultura u otros servicios) no deberían verse perjudicados por la actividad minera. Para ello, se necesitan regulaciones sociales y ambientales más estrictas a nivel de los países productores (¡y no solo regulaciones de la UE!).
Pero, igualmente importante, la sostenibilidad económica también debe tenerse en cuenta de manera suficiente. Para ello, el foco debería estar en desarrollar capacidades internas para producir los bienes y servicios necesarios para la extracción de minerales (energía, equipos, repuestos, neumáticos, etc.) en lugar de depender únicamente de las importaciones. Estas capacidades suelen ser aplicables a otros sectores más allá de la minería y, por tanto, tienen un efecto multiplicador a la hora de estimular la economía doméstica/nacional.
Esta vía tiene un impacto de desarrollo mayor que insistir solamente en el procesamiento y refinado, porque esto último es difícil de lograr debido a fuerzas de mercado que no favorecen que cada país procese sus minerales antes de exportarlos.
¿Qué normas o mecanismos de supervisión deberían exigir Europa y los gobiernos africanos para evitar daños ambientales y riesgos reputacionales vinculados al corredor?
Más que el “qué” de las normas, la pregunta importante es: “¿qué problema estamos tratando de resolver?”, “¿quién” aplica la política/las normas y “cómo” lo hace?
La UE establece normas centradas en la sostenibilidad social y ambiental, pero incluso en el mejor de los casos no está claro cuál es su impacto real sobre el terreno, porque el énfasis de estas regulaciones hasta ahora ha estado en la presentación de informes, y su alcance es demasiado limitado para generar mejoras significativas en la práctica.
Además, estas regulaciones guardan silencio sobre la sostenibilidad económica (mejores precios o mayor valor añadido), que es una prioridad africana. Por otro lado, el enfoque de “naming and shaming” (señalar y avergonzar) puede, involuntariamente, dañar precisamente al grupo que se pretende proteger —los trabajadores mineros vulnerables y las comunidades locales cercanas—, porque las grandes empresas pueden retirarse por completo debido al riesgo reputacional (por ejemplo, la investigación sobre químicas de baterías que evitan el uso de cobalto cobró impulso adicional porque las empresas no querían ser asociadas con el trabajo infantil en la RDC).
Más bien, el punto de partida deberían ser los problemas y necesidades africanas (y no simplemente las preocupaciones de los consumidores europeos). Para abordarlos se requiere una formulación de políticas africanas eficaz, una mejor aplicación y una ejecución y supervisión más sólidas.
Por qué Lobito importa a Europa
La carrera de la industria mundial y de las potencias del norte por los minerales del sur del planeta convierte un corredor ferroviario de menos de 2.000 kilómetros en el corazón de África en un nuevo Eldorado para Europa. Camilo Villarino, jefe de la Casa del Rey, debería estar ya preparando el viaje.
Lobito es una opción real de diversificación de cadenas de suministro para Europa y la operación está ahora mismo en una situación positiva, con los europeos por delante de chinos y estadounidenses.
Europa constata cada cierto tiempo que debe diversificar suministros para no depender de unas pocas vías. Y sobre todo para no depender de una China que tiene la capacidad operativa, por ejemplo, de paralizar buena parte de la industria del automóvil europea. La diversificación pasa por los semiconductores, pero también por los minerales básicos en todos los sectores industriales que usan metal.
Lobito es una pieza ideal en el tablero europeo. Las relaciones europeas con la República Democrática del Congo (más allá de los episodios recurrentes de tensión con su antigua metrópoli belga), Zambia y Angola son buenas. La región suroccidental de África es de las más estables del continente y Lobito recorta más de dos semanas el tránsito de esos minerales hacia Europa.
Bruselas mira a la actividad de Ivanhoe Mines en Kolwezi/Tenke. Considera que si la empresa cumple sus previsiones de estar extrayendo 1,5 millones de toneladas al año se asegurará flujos estables de mineral y también de azufre y fertilizantes, productos derivados.

Lobito es, todavía, una partida en el tablero geoeconómico entre las grandes potencias. Estados Unidos, con Joe Biden, comprometió más de 500 millones de dólares que nunca movilizó. China mantiene rutas de salida hacia Dar es Salaam y Durban. Y aunque deje espacio no va a abandonar esta partida sin pelearla. Europa ofrece dinero, pero al contrario que China, también ofrece programas de desarrollo. China, a cambio, molesta menos con preguntas incómodas sobre medio ambiente o estándares democráticos.
¿Va a obtener la población local algún beneficio de la inversión europea? Según los documentos del Global Gateway eso estaría fuera de toda duda. Pero las empresas europeas harían bien en mirar por su cuenta antes de tener que enfrentarse a crisis reputacionales.
Europa corre más riesgos: debe asegurar que hay beneficios visibles desde ya para la población local, que toma medidas reales contra el impacto medioambiental de la extracción y el transporte y no sólo publica bonitos pdf y debe hacerlo sin rebajarse a los estándares de China o, si entra de nuevo en la partida Estados Unidos, las formas poco diplomáticas de la Administración Trump.
Lobito es una oportunidad de desarrollo para la región y una oportunidad de diversificación para la industria europea. Pero si se gestiona mal puede ser la vuelta al corazón de las tinieblas.
Cómo afecta a España
Una parte importante de los metales básicos estratégicos que ahora mismo importa España, como cobre y cobalto, vienen desde el Índico o Suráfrica. La salida de esos minerales por Lobito los acerca a los puertos españoles y reduce incertidumbre en la industria española consumidora de cobre, como la que fabrica equipos eléctricos, la automoción y la de componentes para renovables. Atlantic Copper en Huelva tiene una de las mayores capacidades de refino de materiales de Europa.
Los puertos de Las Palmas de Gran Canaria, Algeciras y Valencia pueden captar buena parte del nuevo tráfico. España saldría, como el resto de Europa, beneficiada de poder contar con nuevos suministros de metales indispensables para la industria.
El gráfico de la semana
Lobito está más cerca de España que Perú, Indonesia, Chile y Brasil

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