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Francia, la nuclear y los números

Francia, la nuclear y los números
Photo by Jametlene Reskp / Unsplash

Buenos días.

Uno de los mayores desafíos industriales europeos del siglo XXI está a punto de empezar en Francia. La clase política francesa ha decidido que no dejará morir su parque nuclear. Cueste lo que cueste.

Este análisis obvia adrede desafíos como la gestión de los residuos nucleares, el abastecimiento en uranio o los riesgos inherentes a las centrales nucleares. Miramos sólo los números y los plazos. La parte económica del lío. Porque en la parte económica está el gran problema francés.

Francia tiene 57 reactores nucleares con una edad media ya superior a 40 años. Proyecta ya seis nuevos que, en el mejor de los casos, llegarían en 2038. El relato oficial francés habla de renacimiento nuclear, pero los números cuentan una historia más compleja.


El origen

Cuando estalló la primera crisis del petróleo en 1973 Francia importaba casi el 70% de su energía. La respuesta política consistió en decidir que el país produciría su electricidad con energía nuclear y lo más rápido posible. En menos de 20 años Francia construyó 57 reactores nucleares. Una cadencia indsutrial que nadie en el planeta ha replicado. El resultado es un parque capaz de producir, en sus mejores años, hasta 452 TWh, más de tres cuartas partes de la electricidad que consume el país.

Medio siglo después, ese parque enorme es el mayor activo industrial y el mayor problema industrial francés. En enero pasado, Francia operaba 57 reactores repartidos en 19 centrales, con una potencia instalada de unos 63.000 MW, haciendo del Hexágono la segunda potencia nuclear mundial tras Estados Unidos. Son números impresionantes, pero la demografía del parque nuclear, los costes de lo que viene ahora, la crisis climática y los plazos lo complican todo.

La edad

Probablemente el mayor defecto del milagro nuclear francés fue su velocidad. Todo fue demasiado rápido. Construir 56 reactores en poco más de 20 años y dejar de construirlos entonces provocó que ahora todos envejezcan casi a la vez.

Los 32 reactores de 900 MW, el grupo más numeroso, fueron conectados entre 1977 y 1988. Los más veteranos tienen ya casi 50 años de operación. Los 20 reactores de 1.300 MW entraron en servicio entre 1984 y 1993. Y los cuatro restantes, de 1.450 MW, entre 1996 y 1999. Entonces llegó el parón hasta que en 2024 se enchufó el EPR de Flamanville, con 1.650 MW, el más potente de Francia y el único nuevo en 25 años.

Flamanville, presupuestado en 7 años y poco más de 3.000 millones de euros, tardó más de 15 años y más de 21.000 millones de euros según el Tribunal de Cuentas francés.

Si el límite de vida de los reactores se fijase en los 40 años para los que fueron diseñados, Francia habría tenido que cerrar ya la mitad del parque nuclear. Pero Francia sólo cerró los dos reactores de Fessenheim, en 2020, por presiones políticas y perdiendo 10 TWh anuales. Cuando los reactores se acercaban a los 40 años se empezó a hablar de cerrarlos a los 50. Después a los 60 y ya se habla de que aguanten hasta los 80 años.

La Autoridad de Seguridad Nuclear y Radioprotección (ASNR) dio su visto bueno en julio de 2025 a la prolongación de los 20 reactores de 1.300 MW más allá de los 40 años, abriendo la puerta a que funcionen hasta los 50. Las revisiones decenales de los de 900 MW continúan hasta 2030 y las de los de 1.300 MW se escalonarán entre 2026 y 2034. Estas revisiones implican meses de parada de producción.

La factura del envejecimiento

Mantener en pie un parte que debería haber sido renovado (al menos en parte) hace una década tiene un precio: el Grand Carénage. Se trata del programa de renovación y modernización de todas las centrales existentes, que abarca el período 2014-2035 y cuyo coste oficial asciende a 100.800 millones de euros o 131.900 millones de euros si se integran los gastos de explotación complementarios. Son los números que maneja EDF (la propietaria, pública) auditados por el Tribunal de Cuentas.

Precisamente el Tribunal de Cuentas publicó en noviembre de 2025 un informe que se ha leído poco fuera de Francia. Sus conclusiones admiten que la prolongación del parque existente hasta los 50 o incluso los 60 años "es la opción más ventajosa" desde el punto de vista económico, con un coste estimado de 51 euros por MWh producido. Pero también señala ese informe que la disponibilidad de los reactores había caída en el período 2014-2024 al 74%, frente al 80% del período 2004-2014. Los reactores envejecen. La duración de las paradas de mantenimiento es cada vez más extensa. También dice que sin nuevos reactores la producción nuclear francesa podría reducirse a la mitad en menos de 20 años.

Los escenarios de cierre

El verdadero reto no es sólo mantener lo que hay, porque el país demanda cada vez más electricidad. Es que esa demanda que seguirá creciendo se cubra con energía limpia, venga del átomo, de molinos o de paneles.

RTE, el gestor de la red eléctrica francesa, prevé en su escenario de referencia que la demanda alcance los 645 TWh en 2050, frente a los aproximadamente 460 TWh de 2019. Es un incremento del 35% en tres décadas. Escenarios más industrialistas, con éxito del programa de reindustrialización que preconiza el Elíseo y producción masiva de hidrógeno por electrólisis, elevan esa cifra por encima de los 750 TWh. El propio decreto de la Programación Plurianual de la Energía, publicado el 12 de febrero de 2026, confirma que la demanda no hará más que crecer con la electrificación del transporte, la industria y la calefacción. Y todavía habrá que añadir los centros de datos.

¿Cuántos reactores nucleares necesita Francia para mantener el átomo como columna vertebral del sistema eléctrico, digamos a la mitad del mix en 2050?

Spoiler: pinta feo.

Escenario de 40 años de vida útil: La práctica totalidad del parque actual habría de cerrar antes de 2030 o, a lo sumo, en los primeros años de la siguiente década. Solo Flamanville-3 (2024), y los cuatro reactores de 1996-1999 podrían sobrevivir más allá de ese horizonte. La producción nuclear caería por debajo de 50 TWh, menos del 8% del mix proyectado. En ese escenario, para mantener el 50% en un mix de 645 TWh se necesitaría una capacidad nuclear nueva de más de 300 TWh. A 10 TWh por reactor convencional de 900 MW, habría que construir más de 30 reactores nuevos en los próximos 4 años. Industrialmente imposible.

Escenario de 60 años de vida útil: Este es el camino que actualmente exploran EDF y el gobierno francés, con el beneplácito provisional de la ASNR. En este caso, los últimos reactores del palier de 900 MW cerrarían alrededor de 2040-2048, los de 1.300 MW entre 2044 y 2053, y los últimos, excepto Flamanville, entre 2056 y 2059. El Tribunal de Cuentas señala que incluso con vida a 60 años, sin nuevos reactores, la producción nuclear se reduciría a la mitad en 20 años. Para mantener el 50% del mix en 2050, serían necesarios no los seis EPR2 nuevos comprometidos y todavia en papel, sino 16.

Escenario de 80 años de vida útil: Técnicamente, ningún reactor del mundo ha llegado a los 80 años de operación, aunque algunos en Estados Unidos tienen autorizaciones hasta los 60 y estudian extensiones a 80. Para el parque francés, llegar a los 80 años requeriría inversiones de mantenimiento que ahora es imposible de calcular, además de la resolución de problemas de envejecimiento del hormigón del encintado y la vasija que aún no tienen soluciones probadas industrialmente, y la autorización continua de un regulador que cada revisión decenal tendría que volver a aprobar la operación de plantas que, para entonces, habrían cruzado décadas para las que no fueron diseñadas. Es un escenario de ciencia ficción donde se entra en territorio desconocido y se empieza a jugar seriamente con la seguridad de los reactores. Pero el Tribunal de Cuentas considera que es el escenario "inevitable" si Francia quiere mantener su peso nuclear. Incluso con ese escenario, para 2060-2070 el declive sería masivo si no hay una nueva ola constructora.

La conclusión es sencilla: incluso con vida útil de 60 años y los seis EPR2 prometidos por Macron en servicio, el porcentaje del átomo en el mix eléctrico francés descenderá significativamente hacia 2050 si no se inicia en esta década una segunda ola constructora de reactores nuevos. Por eso el último decreto presidencial ya reconoce que el objetivo no es mantener el peso que la nuclear tiene hoy en el mix (67%) sino "el 50%) para 2035.

El EPR2, ¿apuesta del siglo o gigante con pies de barro?

En febrero de 2022, desde la ciudad de Belfort, Macron anunció el renacimiento nuclear francés (por cierto, muy buenos los discursistas que ha ido eligiendo Macron): seis nuevos reactores EPR2, con posibilidad de ocho más. Era el mayor programa nuclear francés en décadas. Pero ese día sólo empezó una carrera de obstáculos.

Macron dijo que la primera puesta en marcha sería en 2035. Pero en marzo de 2025, durante el cuarto Consejo de Política Nuclear, esa fecha se atrasó hasta 2038. Pero 2038 es optimista porque las obras en Penly sólo empezarán en 2029 y a junio de 2026 no hay diseño del reactor. La decisión final de inversión no llegará hasta finales de este año.

La Comisión Europea debe validar el sistema de ayudas públicas. En París no gustó nada que en abril Úrsula Von der Leyen elevara a directora general de Energía en la Comisión Europea a la franco-austríaca Céline Gauer. Viene de la Dirección General de Competencia y tiene reputación de intransigencia hacia EDF. Fuentes diplomáticas explicaron a Dossier Bruselas que Francia había intentado boicotear su nombramiento. La comisaria de referencia de Gauer es Teresa Ribera.

El segundo problema es el coste. El presupuesto inicial de 51.700 millones de euros de 2022 subió a 67.400 millones en junio de 2023 y a 72.800 millones de euros en diciembre de 2025. No se ha puesto un cable y el precio ha crecido un 40%. Si se añaden los costes de financiación, el Tribunal de Cuentas calcula que los seis reactores costarían más de 100.000 millones. El montaje financiero previsto es una muestra de la dependencia del dinero público: un préstamo del Estado a interés 0,0% que financie el 60% del coste de construcción (cubierto con el fondo de ahorro de la Caisse de Dépôts), un contrato por diferencia (CfD) a 40 años que garantiza a EDF un precio de 100 euros por MWh producido; y un reparto de riesgos entre el Estado y EDF (que es pública).

El precio de 100 euros por MWh garantizado por contrato es la cifra más llamativa. El coste de producción del parque nuclear francés -56 reactores ya amortizados- fue fijado por la Comisión de Regulación de la Energía en 60,3 euros por MWh para 2026-2028. Los EPR2, partiendo de 100 euros y con costes de construcción que sólo en proyecto ya subieron un 40%, son una de las apuestas más caras de la energía europea.

El precedente es el EPR de Flamanville, conectado a la red en diciembre de 2024 con 12 años de retraso y un coste que multiplicó por casi siete su presupuesto inicial.

La crisis climática

El clima es cada vez un actor mayor en las perspectivas y previsiones del parque nuclear francés, más fluvial que marítimo. 18 reactores se refrigeran con agua del Ródano, 12 con agua del Loira, otros con aguas del Garona, Mosela, Sena o Mosa. El agua del río absorbe el calor residual del reactor y se devuelve al cauce a temperatura más alta. Cuando el río está demasiado caliente o lleva muy poca agua, la normativa impone restricciones de producción o incluso paradas. Es lo que sucedió en el verano de 2022 en el Loira, el Sena y el Mosela.

Los modelos climáticos proyectan para Francia una reducción del caudal de estiaje de los ríos de entre el 20% y el 40% antes de 2050. La cadencia de los episodios de calor extremo se ha duplicado: 25 registrados en Francia entre 1947 y 2010, 25 más solo entre 2011 y 2025. El Tribunal de Cuentas anticipa en sus análisis que las indisponibilidades provocadas por el calor se multiplicarán por tres o cuatro antes de 2050. EDF prevé gastar 8.700 millones de euros hasta 2040 para mejorar sistemas de refrigeración, instalar aerorefrigerantes adicionales y para estudiar la construcción de circuitos terciarios de enfriamiento.

Por eso los seis EPR2 en proyecto se irán a la costa normanda (Penly) y al Mar del Norte (Gravelines). En el tercer emplazamiento previsto (Bugey, en el Ródano) es donde se deben instalar autorefrigerantes de circuito cerrado, porque en tres décadas el Ródano podría no ser suficiente para refrigar reactores.

El precio del "renacimiento" nuclear

La Comisión de Regulación de la Energía cree que el coste de producción sería de 60,3 euros MWh para el período 2026-2028. Subirá a 63,4 euros en el período 2029-2031. Esos números incluyen el coste del Grand Carénage, pero no el de la construcción de los nuevos EPR2. Es el coste de producir electricidad en instalaciones cuya inversión inicial está amortizada. Comparados con el gas en el mercado europeo en momento de tensión, el nuclear histórico es competitivo. Comparados con la solar y la eólica, no. Además, no incluye el precio de la descontaminación, del desmantelamiento y de la gestión de los residuos.

Los EPR2 tienen garantizados 100 euros por MWh durante 40 años. Si el mercado sube por encima de ese nivel, EDF devuelve la diferencia al Estado; si baja por debajo de esa barrera, el Estado paga a EDF. Es un mecanismo que estabiliza los ingresos del productor y transfiere el riesgo al contribuyente. A 100 euros por MWh, los EPR2 son aproximadamente 40 euros por MWh más caros que el parque histórico.

Cuando a estos cálculos se le añaden los costes de financiación -el precio del dinero a lo largo de 20 años de construcción y 40 de operación-, el coste real por MWh puede superar fácilmente los 100 euros. Greenpeace Francia estima que si la construcción cuesta 79.900 millones, el precio del MHW se irá a 150 euros.

La deuda pública francesa roza el 120% del PIB, casi 20 puntos más que la española.

La trampa entre 2030 y 2045

En esa quincena de años se cerrarán decenas de reactores incluso si su vida de alarga hasta los 60 años. A partir de 2038 habrá que cerrar un reactor cada año o año y medio. En ese intervalo, la producción nuclear francesa descenderá. El envejecimiento del parque actual es imposible de frenar. Aún cumpliéndose los plazos más optimistas de construcción de los nuevos reactores, ninguno estaría enchufado antes de finales de la década de los 30. Ese momento llegará cuando el país debe estar demandando casi 25% más de electricidad por el aumento de la electrificación de transporte e industria.

Recursos humanos limitados

La industria nuclear francesa -empresas y técnicos capaces de construir y mantener los reactores- lleva décadas sin construnir más que Flamanville, que fue la constatación de que la industria había perdido competencias y mano de obra especializada.

El GIFEN (la patronal de las empresas de la industria nuclear) calcula que habría que contratar en 10 años a 100.000 personas para que se pueda poner en marcha el programa EPR2 en tiempo y forma. Hay que reconstruir perfiles con competencias específicas: soldadura en condiciones radiológicas, fabricación de componentes de alta presión o ingeniería de sistemas de seguridad. No se obtienen esas competencias en un par de años de formación profesional.

La decisión europea

París no está tranquilo, más allá de la nueva directora general de Energía. Francia se jugó mucho en la inclusión de la nuclear en la taxonomía verde europea en 2022. Esa batalla la ganó Francia, pero la batalla importante es la aprobación del modelo de financiación de su programa nuclear de la próxima generación. Lo lógico es que la Comisión Europea lo apruebe con condiciones y modificaciones. Porque simplemente rechazarlo sería políticamente muy difícil.

Balance

Los números no dan. Para mantener el peso actual del átomo en un mix eléctrico que crecerá al menos un 35% (algunas previsiones lo llevan hasta un 60%) en 2050, Francia necesita construir reactores a una velocidad que no ha mostrado desde los años 80 del siglo pasado. La programación actual, incluso teniendo en cuenta los seis EPR2, admite que tres llegarán (si se cumplen todos los plazos) en 2038 y los otros tres ya en la década de los 40.

El debate que Francia no ha tenido no es si "pronuclear" o "antinuclear" como se es del Real Madrid o del Barcelona. Es saber si apostar todo el resto de siglo a la nuclear, con la experiencia acumulada en las últimas décadas en cuanto a sobrecostes y alargamiento de plazos de construcción, sumado a la expansión masiva de las renovables y su instalación cada vez más barata, es la decisión economica más inteligente.