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DB Contexto - Paulina Astroza - La UE y América Latina: ¿más cerca o sólo menos lejos?

DB Contexto - Paulina Astroza - La UE y América Latina: ¿más cerca o sólo menos lejos?
© Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UdeC.

Buenos días.

DB Contexto lo firma este viernes Paulina Astroza, abogada egresada de la Universidad de Concepción (Chile), doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Lovaina (Bélgica) y profesora de Derecho Internacional, Relaciones Internacionales e Integración Europea.


Solemos leer en las declaraciones, acuerdos o tratados entre Estados de América Latina y la Unión Europea, que nos une un pasado y una lengua común, valores y principios que compartimos. Que América Latina es la parte del mundo más cercana a Europa y viceversa. Desde 1999 se viene hablando de una relación estratégica birregional y la integración europea se nos ha presentado como el ejemplo a seguir. También se pone hincapié en las declaraciones y la narrativa que a ambos lados del Atlántico se comparte una misma visión de la democracia, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos. Todo esto está bien, muy bien, pero debemos preguntarnos, reflexionar e interpelar más a nuestras autoridades si estas bellas palabras se reflejan en la realidad en estos días.

Lamentablemente, no se ha podido concretar una relación birregional en que un bloque latinoamericano interactúe con el bloque europeo, esto por responsabilidad de los propios latinoamericanos. La integración europea no es un modelo a seguir al pie de la letra. Muchos factores que se presentan en Europa no están en la realidad de América Latina: geografía, comercio intra-latinoamericano, distancia entre los puntos más poblados del subcontinente, densidad poblacional y, afortunadamente para los sudamericanos, ausencia de guerras que hayan derivado en mundiales y en que la estrategia de la Europa “paso a paso” haya sido la única vía para enfrentar la postguerra. Las relaciones finalmente han sido a distintas velocidades y respondiendo a las características propias de los subgrupos o Estados latinoamericanos. A mayor velocidad se llegaron a Asociaciones Estratégicas con México y Chile (ambas renovadas) y, recientemente, tras décadas, entró parcialmente en vigencia el Acuerdo con el Mercosur. Los intereses contrapuestos entre ambos bloques, dificultaron por años la firma del tratado. Sólo el contexto internacional particular que estamos viviendo (gracias Trump!), puso los incentivos en acción para pasar de las contradicciones entre intereses y avanzar.

Pero más allá del comercio, es justo preguntarse si a ambos lados del charco tenemos la misma concepción de la democracia, los derechos humanos o el Estado de Derecho. En tiempos de polarización, autocracias en aumento, populismos de izquierda y derecha y violación de los derechos humanos en pro de la seguridad, no sabemos siquiera si entre europeos o entre latinoamericanos responderíamos lo mismo ante la pregunta. Probablemente no. Porque no se trata sólo de comercio e inversiones. Las relaciones entre países tienen también un sustrato cultural, filosófico y ético. ¿Cuánto nos hemos apoyado en nuestros procesos de fortalecimiento de la democracia? ¿Cuánto hemos hecho vista gorda a movimientos que debilitan el aparato institucional, social y ético de nuestros sistemas porque no interesa intervenir o más vale mantener el mercado? ¿Para qué las cláusulas democráticas en nuestros tratados si no las vamos a usar cuando se necesitan?

Estamos en un mundo complejo. Mil veces lo hemos leído y oído. Sí, es cierto. Para aquellos que soñamos con un mundo en paz, con democracia y paz social, con procesos de integración beneficiosos para todos y que teníamos la esperanza (ingenuidad, dirán algunos) que este diálogo birregional avanzaría siempre por la vía de valores y principios superiores, vemos cómo la UE -tal como Estados Unidos- se fue alejando de América Latina, dejando un espacio que lo llenaría China.

Cuando el contexto cambia y hoy los temas están relacionados con la disputa sino-estadounidense como paraguas del sistema internacional, en que la emergencia climática, la pandemia, la inteligencia artificial, la transición ecológica y energética se hacen más patentes (y esperemos la post guerra en Irán donde esto se verá reforzado), surgen dos aspectos importantes: con quién aliarse en este escenario internacional; y dónde encontrar las materias críticas y estratégicas (como el cobre, litio, hidrógeno verde y tierras raras) para dichas transiciones. Cuando no queremos ni alinearnos ni con China ni con EE. UU. sino que mantener relaciones con ambos por ser socios estratégicos, debemos reforzar los vínculos con otros bloques o países. Y he ahí donde el escenario se vuelve más atractivo y necesario en esta relación euro-latinoamericana. América Latina tiene no sólo materias críticas, sino que también una biodiversidad y áreas de cultivo para la seguridad alimentaria. Es un subcontinente que pese a estar copiando los malos ejemplos europeos en materia de gobiernos populistas, no es una tierra de guerras entre Estados, no se tiene material nuclear para fines bélicos y se tienen familias políticas que se conocen con su pares europeas. El crimen organizado, la corrupción y el narcotráfico es un karma con el que América Latina debe luchar, pero ahí también existen intereses complementarios con Europa que deben incentivar mayor cooperación.

Estamos lejos pero también cerca. El abandonar el interés europeo por los países latinoamericanos no fue una buena estrategia. Hoy las campanas suenan por enmendar el rumbo. América Latina tiene mucho que aprender de Europa, pero también Europa de América Latina. No se trata de llevar una relación de superioridad moral de uno frente al otro. Ni de resentimiento por dolores pasados. Cuando la democracia se debilita en nuestros países y la guerra persiste en otros sectores del mundo, es el momento de unir fuerzas. El acercamiento más profundo con la firma del acuerdo con el Mercosur, ojalá sea la señal que nos necesitamos. Hablamos idiomas distintos, pero en la inmensidad del universo, estamos más cerca de lo que creemos. No nos alejemos nuevamente. Hace frío allá afuera.



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