Bienvenido al número 29 de Dossier Bruselas.
UNICEF acaba de publicar su vigésimo informe sobre el bienestar infantil en los países más ricos, los miembros de la OCDE. Se titula Oportunidades desiguales y analiza qué les pasa a los niños de 44 países de renta alta teniendo en cuenta tres aspectos de su vida: salud física, bienestar mental y habilidades. El resultado es penoso, porque los países más ricos del mundo siguen fallando a su infancia y porque el dinero que tiene tu familia al nacer sigue siendo el principal determinante de cómo vas a vivir. Es lo contrario a la igualdad de oportunidades. El informe puede leerse aquí y es obra de Gwyther Rees, Eszter Timár y un grupo de investigadores.
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El informe, el número 20 de su serie, actualiza los datos completos de 37 países y datos incompletos de Australia, Bélgica, Estados Unidos y Noruega.
Usa seis indicadores: mortalidad infantil entre 5 y 14 años, sobrepeso, satisfacción vital, suicidio adolescente, competencias académicas y habilidades sociales.
Los tres primeros puestos de la tabla son para Países Bajos, Dinamarca y Francia, porque están en el tercio superior en las tres dimensiones que se miden: salud física, bienestar mental y habilidades. No es ninguna casualidad que esos tres países sean los primeros porque están entre los menos desiguales de la OCDE, sus estados del bienestar son de los más potentes y los niños tienen acceso prácticamente universal a servicios públicos de calidad. Al final de la tabla aparecen Chile, Turquía, Uruguay y Colombia. Los cuatro países están en el tercio inferior de las tres dimensiones medidas. España ocupa el puesto octavo de 37, con una posición muy buena en bienestar mental (5ª), pero a media tabla en habilidades (17ª) y salud física (22ª).
Pero la riqueza de los países, aunque es un indicador importante, no lo es todo. Es mucho más importante la desigualdad si queremos entender las diferencias entre países. Porque es la tasa de desigualdad y no la riqueza o la pobreza absolutas lo que mejor predice los resultados en salud y en educación. Un país puede ser más rico que otro y tener peores resultados infantiles porque distribuye peor su riqueza.
Europa occidental, que engloba más de la mitad de los países de la OCDE, eliminó ya prácticamente toda la pobreza extrema. Menos del 0,5% de la población de los países de Europa occidental vive en la pobreza extrema. Es un logro histórico, pero no es suficiente porque hay recursos para hacer mucho más. El problema es su distribución y la insuficiencia de las políticas públicas para compensar la desigualdad.
En los países menos desiguales del grupo -Eslovaquia, Islandia, Chequia, Eslovenia y Bélgica- el 20% más rico de la población ingresa aproximadamente 3,5 veces más que el 20% más pobre. En los países más desiguales del grupo -Costa Rica, Chile, Estados Unidos y Turquía- esa diferencia es de 8 veces. La tasa de pobreza infantil, medida como el porcentaje de niños en hogares con menos del 60% de la renta mediana nacional, va del 10% en Dinamarca al 37% en Colombia y Costa Rica. En España es del 29%. Demasiado alta, disparatadamente alta: demasiada desigualdad y demasiados pocos recursos públicos para la infancia.
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Salud física
Los países con mayor desigualdad de ingresos tienen tasas más altas de mortalidad infantil entre 5 y 14 años y tasas más altas de sobrepeso en la franja de edad de 5 a 19 años. Esa correlación se mantiene incluso controlando por renta nacional. Es decir, no mueren menos niños en los países más ricos, sino en los países menos desiguales. La tasa de mortalidad infantil es de 0,48 por mil en Islandia y de 2,65 por mil en México. La de sobrepeso del 16% en Japón al 58% en Chile.
Pero la clave es la desigualdad. En Estados Unidos, los niños cuyas madres no terminaron la educación secundaria tienen un 40% más de riesgo de morir en la infancia que los niños de madres con estudios universitarios. En Noruega, los niños de madres sin educación secundaria tienen más riesgo de morir antes de los 18 años en todas las causas de muerte analizadas en el informe.
Bienestar mental
El informe encuentra menos o ninguna relación clara entre la desigualdad y las tasas de suicidio adolescente o la satisfacción vital, pero sí encuentra diferencias dentro de los países. Dentro de cada país, los niños de familias con menos recursos tienen menos satisfacción vital. Según los datos del informe PISA 2022, el grado de satisfacción vital infantil es del 67% entre los que viven en el 20% más pobre de los hogares y del 77% entre los que lo hacen en el 20% más rico. La diferencia es mayor en las chicas que en los chicos.
En 2022, el porcentaje de adolescentes de 15 años con alta satisfacción vital iba del 43% en Turquía al 87% en Países Bajos. En los datos aparece una huella imborrable de la pandemia, porque ese dato empeoró de 2018 a 2022 en todos los países analizados.
Habilidades
Aquí es donde la desigualdad se hace notar más claramente. En promedio, el 83% de los adolescentes del 20% más rico tiene las suficientes competencias básicas en lectura y matemáticas a los 15 años. En el 20% más pobre, ese porcentaje cae al 42%. Es decir, casi la mitad de los niños más pobres de los países más ricos no tiene las competencias mínimas adecuadas a su edad. La brecha entre países es muy grande. La diferencia entre el 20% más rico y el 20% más pobre es de 21 puntos en Japón y de 61 puntos en Rumanía.
La trampa de la desigualdad en los niños
El informe tiene una sección que explica cómo la desigualdad económica afecta a un niño concreto en la cama o en el aula.
El hogar: las familias con menos recursos no pueden dar a sus hijos las condiciones materiales básicas. En la Unión Europea, casi uno de cada siete niños vivía en 2024 en situación de privación material y social. Para que se hagan una idea: el 27% de los niños de la Unión Europea vive en una casa con humedad o goteras o marcos de ventanas por donde pasa el frío en invierno. Uno de cada 11 niños de 15 años encuestado en el informe PISA 2022 dijo que en el último mes tuvo que dejar de comer alguna vez porque en casa no había dinero para comida. No pasa en países pobres de necesidad, sino en países que están entre los 44 más ricos del planeta.
El barrio: los niños de familias con menos ingresos viven en barrios con más delincuencia, más contaminación, más ruido y peores infraestructuras y servicios públicos en general. Hay menos médicos por habitante y el acceso a guarderías es más bajo entre familias de renta baja, aunque ha habido un ligera mejora en los últimos años.
El colegio: los colegios con alumnos más desfavorecidos, los de barrios más pobres, tienen en promedio profesores con menor cualificación media y peores infraestructuras y actividades extraescolares. Son colegios que informan con más frecuencia sobre falta de materiales adecuados, escasez de personal y problemas en sus edificios. Hay un dato revelador: los colegios con mayor segregación socioeconómica entre colegios tienen peores resultados medios y mayores brechas entre alumnos ricos y pobres. Noruega, Islandia y Finlandia tienen la menor segregación. Colombia, Hungriá y Eslovaquia la mayor. España aparece en el puesto 14, entre Corea del Sur y Croacia. Francia y Alemania en el 25 y 26.
La vida cotidiana: los niños de familias más pobres desayunan menos, comen menos fruta y verdura, consumen más bebidas azucaradas y hacen menos ejercicio. Y eso no sucede porque elijan peor, sino porque tienen menos opciones y menos acceso a instalaciones deportivas. El 32% de los niños que viven en el 20% de los hogares más pobres hace algún tipo de trabajo remunerado antes o después de ir al colegio. Ese trabajo pagado correlaciona con hacer menos deberes.
¿Qué dicen los niños?
Por primera vez desde que se hacen estos informes, UNICEF incluyó la voz de los protagonistas. Entre octubre de 2025 y enero de 2026 organizó grupos de discusión con chicos y chicas de 13 y 14 años en Chile, Colombia, España, Irlanda, Italia y Suiza.
Los niños, en esos paneles, identifican la desigualdad como algo que va más allá de los datos económicos y hablan de desigualdad de género, de origen migrante, de raza, de discapacidad y de cómo te ves a ti mismo físicamente. Describen, por ejemplo, como no pueden ir a clases de baile porque en casa no hay dinero para pagarlas, o cómo la falta de dinero hace que salgan menos con sus amigos.
Los niños de los paneles de discusión son muy duros en el examen que hacen a sus colegios. Dicen que los institutos no corrigen las desigualdades, sino que las reproducen. Un niño español llega a decir: “En algunos colegios ponen a las chicas gitanas en clases de apoyo aunque no lo necesiten porque están acostumbrados a que las chicas gitanas no estudian”.
Los niños aseguran que los responsables de la situación son los gobiernos (a todos los niños administrativos), las empresas, las plataformas digitales y las instituciones educativas.
Qué se puede hacer para mejorar
El informe propone políticas concretas para mejorar la situación.
Reducir la pobreza infantil directamente: los países que más han reducido la pobreza infantil lo han hecho combinando transferencias directas a las familias, deducciones fiscales, aumentos de salarios mínimos y servicios universales gratuitos de cuidado infantil. Dinamarca tiene una renta per cápita (68.000 euros) que más que dobla la de Eslovenia (33.000 euros), pero sus tasas de pobreza infantil son prácticamente iguales (10,0% y 10,7% respectivamente). La diferencia es a qué se da prioridad en el gasto público.
Igualar recursos entre colegios: la calidad del profesorado, los materiales y la infraestructura no deberían ser diferentes en función del código postal. Pero lo son. Las regiones y países que tienen mejores resultados medios en educación y menos brechas de desigualdad son los que evitan la segregación socioeconómica entre centros educativos.
Intervenciones en los barrios: políticas de vivienda para familias de bajos ingresos, mejora ambiental de zonas desfavorecidas y acceso universal a instalaciones deportivas y culturales adecuadas.
Garantía europea: el informe menciona la Garantía Infantil Europea, que establece el derecho a acceso gratuito a educación infantil, comidas escoloares, atención sanitaria y vivienda adecada para los niños sin importar el nivel de vida de sus hogares.
Incorporar a los niños en el diseño de las políticas que les afectan: el informe documenta con ejemplos cómo los niños tienen análisis sorprendemente sofisticados de sus propias situaciones y de cómo se podría mejorar.
El informe, el vigésimo ya de su serie, llega a conclusiones duras porque la inmensa mayoría son situaciones que se podrían evitar. En los 44 países más ricos del mundo más de la cuarta parte de los menores de edad tiene sobrepeso, otra cuarta parte asegura que su satisfacción vital es baja y más de un tercio no llega a las competencias básicas en lectura y matemáticas al acabar la escolorización obligatoria.
Nos vemos mañana sábado.


