Europa debe empezar a golpear
Bienvenido al número 1 de Dossier Bruselas Contexto.
Lucha contra la desinformación. Lucha contra las injerencias extranjeras. Ciberdefensa. Prebunking. Debunking. Etc, etc, etc. Necesario pero insuficiente.
La Unión Europea y los gobiernos nacionales saben que tienen encima un problema inmenso, que la voluntad de Rusia (y desde el año pasado de Estados Unidos) de hacer la guerra a Europa desde la desinformación es mayor que la voluntad de Europa de devolver los golpes.
Moscú (y ya Washington) tienen entre ceja y ceja acabar con la Unión Europea como la conocemos hasta ahora porque no quieren un poder democrático que les haga sombra.
Su solución es provocar cambios de régimen en Europa. Algo que reconoce abiertamente la Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca publicada a finales del año pasado.
Eso no se hace tirando bombas sobre París, sino colocando en el Elíseo, en la Cancillería berlinesa o en Moncloa a dirigentes amigos. En esta guerra, la Unión Europea y los gobiernos nacionales se limitan, con poco acierto, a intentar defenderse. La estrategia es equivocada porque Europa es como un equipo de fútbol que sólo defiende, que nunca intenta meter un gol. Europa debe atacar.
Europa llega tarde a cada ataque porque es reactiva, no proactiva. Verifica los hechos y hace informes forenses de las campañas de desinformación y de las injerencias extranjeras, pero no las evita.
España sabía lo que iba a suceder en Torre Pacheco, pero sucedió. España sabía que las redes se iban a llenar de mentiras sobre la regularización de inmigrantes. No es que no pudiera evitarlo, es que ni siquiera supo reaccionar. Imagina tener todo el sistema militar de los misiles Patriot y usarlo a medias. Tienes los radares que detectan los misiles enemigos, tienes la fábrica que produce sus lanzamisiles, tienes tus misiles, tienes las lanzaderas. Pero no disparas.

Los presupuestos que dedica la Unión Europea y sus gobiernos a combatir la desinformación son ridículos comparados con los más de 2.000 millones de euros al año que gasta Rusia en su maquinaria de propaganda. Una gota de agua frente a los recursos estadounidenses.
Europa está perdiendo. La desinformación lanzada por los satélites políticos rusos y estadounidenses de extrema derecha sobre medidas gubernamentales británicas, francesas, alemanas, españolas, ocupa las redes sociales sin que Londres, París, Berlín o Madrid consigan darle la vuelta a la conversación, aplastada bajo una oleada masiva de mentiras.
Europa debe empezar por tratar la guerra informativa como una parte más de la guerra real, como ya hace Ucrania. El fact-cheking, el debunking y los informes forenses son necesarios para extraer lecciones, pero no son suficiente. Falta responder y para responder faltan capacidades de respuesta, una doctrina ofensiva clara y, probablemente lo más difícil, voluntad política en Bruselas y en las capitales para llevarla a la práctica.
En los últimos años se han creado organismos, más o menos discretos, tanto en Bruselas como en algunas capitales. Pero todos tienen las manos atadas a la espalda. Desde el East StratCom del Servicio Europeo de Acción Exterior, los EU DisinfoLab y EUvsDisinfo de la Comisión Europea hasta el StratCom de la OTAN.
A nivel nacional, Francia empezó en 2021 con Viginum (dependiente de Defensa), organismo al que han seguido el Centro Federal contra la Desinformación de la Cancillería alemana, el CDIU/GCS británico y desde 2025 el Observatorio contra la Amenaza Digital de la Presidencia del Gobierno español, adscrito a la Dirección de Seguridad Nacional (una historia sin contar, por cierto, y que los periodistas madrileños no han sabido contar ni poniéndoles el hueso en la boca, pero estaría feo que la contara yo, por motivos obvios). Todos estos son modelos defensivos.
Ucrania tiene, en cambio, brigadas especializadas dentro de sus Fuerzas Armadas que unen capacidades ofensivas.
Las instituciones europeas y los gobiernos nacionales tienen que hacer crecer esos organismos, dotarlos de una doctrina ofensiva, del personal especializado necesario y de herramientas que les permitan responder y golpear. Esos organismos deben tener la capacidad de construir contranarrativas y, sobre todo, la red de propagación masiva, que contrarreste eficazmente las redes de desinformación del enemigo.
Europa tiene enemigos internos que amplifican y difunden propaganda contra los valores democráticos que supuestamente defienden las instituciones europeas y los gobiernos del bloque. Esos enemigos (sus medios, sus influencers, sus responsables) deben ser señalados y perseguidos. No se trata de censurar, sino de aplicar las leyes en vigor para defendernos de un enemigo que hace la guerra tirando bombas en Ucrania e intentando alterar elecciones en Alemania.
Es legítimo dar esta batalla, devolver los golpes. Tenemos los medios para hacerlo, tenemos las herramientas y tenemos el conocimiento. Falta voluntad política.
Nos vemos el martes.
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