4 de julio, Día de la Sumisión europea.
Bienvenido al número 28 de Dossier Bruselas.
4 de julio, Independence Day estadounidense. O Día de la Sumisión europea.
El 4 de julio se cumple el ultimátum dado hace tres semanas por el presidente estadounidense Donald Trump a la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen para que las instituciones europeas ratifiquen el conocido como Pacto de Turnberry, el dictado que Trump dio a Von der Leyen en esa localidad escocesa hace 10 meses, un pacto humillante para Europa. Si el 4 de julio no está ratificado, Estados Unidos, amenazó Trump, impondrá “aranceles a niveles mucho más altos”.
La llamada de Trump activó el mecanismo, hasta entonces bloqueado porque, entre otras cosas, la amenaza de Trump de anexionarse, incluso por la fuerza, la isla danesa de Groenlandia, impedía que el Parlamento Europeo votara en esas condiciones.
Cuando los eurodiputados se pusieron a trabajar en el texto introdujeron una cláusula que metía mecanismos automáticos de protección si Washington incumplía. Porque nadie espera que a largo plazo Trump cumpla. Los eurodiputados aceptaron diluir sus exigencias la semana pasada, por lo que el texto pasará ahora al Consejo y volverá al Parlamento para ser ratificado no más allá de mediados de junio.
El acuerdo impone un arancel del 15% para buena parte de los productos europeos exportados a Estados Unidos, mientras la Unión Europea acepta eliminar los aranceles para los bienes industriales estadounidenses. Es decir, Europa acepta un pacto desequilibrado porque cree que la alternativa, una guerra comercial, sería económicamente más dañina. Y porque estima que Trump es tan imprevisible que podría sostener esa guerra comercial aunque también dañara a la economía estadounidense.
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¿Merece la pena negociar con Trump?
Ella es Sabine Weyand, la gran asesora de Michel Barnier en la negociación del Brexit y super poderosa directora general de Comercio de la Comisión Europea. Alemana, europeísta hasta la médula, de las personas que cumplen aquello de que al entrar en las instituciones europeas dejas el pasaporte nacional en la puerta. Ahora volvemos a ella, porque es algo así como el contraejemplo moral de esta historia.
¿Se puede pactar con un gobierno imprevisible que igual un día te aplaude y al siguiente te quiere quitar un trozo de país?
La Unión Europea es el mayor bloque comercial del planeta y como tal tiene instrumentos reales para resistir presiones comerciales y para presionar a otros. Tiene una herramienta llamada “mecanismo anti-coercion”, que diseñó para enfrentarse a China pero que bien podría usarse contra Estados Unidos. Pero tener armas y usarlas no es lo mismo. En Turnberry Von der Leyen olvidó todas esas armas y aceptó un arancel del 15% sobre las exportaciones europeas, algo que se consideraría inaceptable con cualquier otro país o bloque de países.
El argumento de la Comisión Europea es que no había alternativa si no se quería desatar una guerra comercial. Trump aseguraba que subiría los aranceles a los autos alemanes (perdón, europeos) del 15% al 25%. Alemania, con una industria automotriz expuesta a todas las amenazas y presionada con fuerza por los productores chinos, presionó a la Comisión Europea todo lo que pudo para que se cerrara el acuerdo.
Algunos ministros criticaron lo acordado, porque además de la humillación, en aquella reunión Von der Leyen prometió que los europeos comprarían ingentes cantidades de gas natural estadounidense, cuando ella ni pincha ni corta en las decisiones de compra de energía de las industrias europeas.
La maquinaria institucional europea sigue adelante por miedo a Trump. El texto provisional ya está listo. La comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo celebrará una sesión extraordinaria a principios de junio para aprobarlo y el plenario votará entre el 15 y el 18 de junio. A tiempo para el Independence Day estadounidense o Día de la Sumisión europea.
Al proceso negociador entre el Consejo de la UE (representado por la presidencia chipriota) y el Parlamento Europeo sobrevivieron dos salvaguarias. 1) una cláusula de suspensión si Washington impone aranceles adicionales a las exportaciones europeas que supere el límite máximo acordado del 15%; 2) el Parlamento o los Estados miembros podrán pedir la suspensión del acuerdo si Estados Unidos no rebaja antes de finales de año al 15% los aranceles al acero y al aluminio europeos.
Además, el pacto quedará suspendido, salvo votación expresa que lo renueve, el 31 de diciembre de 2029. Cuando Trump ya no esté en la Casa Blanca.
La gran duda a todo esto, una duda que reconocen muchos eurodiputados, es si Trump cumplirá. Nadie lo cree muy probable.
Volvamos a Weyand. Miren esta otra foto.
Se congratulan por el pacto. La delegación estadounidense, esos hombres a la derecha de Trump, muestran su satisfacción. Normal, porque no ha sido una negociación sino una escabechina. Pero a la izquierda, el equipo de Von der Leyen tiene otras caras. El hombre de gafas tras Weyand es Björn Seibert, el todopoderoso director de gabinete de la alemana. Suele aparecer así en las fotos. Pero Weyand no. Su cara es la cara de la humillación europea. Weyand, por supuesto, no levanta el pulgar como hacen Von der Leyen y el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, a su lado.
Sabine Weyand, funcionaria europea desde hace más de tres décadas, se va ya porque hace unos meses dijo en público, en una conferencia, lo que todos decían en privado. El acuerdo ni se llegó a negociar, fue una imposición. A Weyand le dan una patada hacia arriba nombrándola asesora “hors classe” (mucho sueldo, poco trabajo, ningún poder), y le permiten irse a Florencia a dar clases al Instituto Europeo. Lejos de Von der Leyen y de Seibert.
Weyand fue la niña que dijo que el rey (en este caso la reina) estaba desnudo.
Dejemos en paz a Weyand.
¿El acuerdo es un chantaje? ¿Una humillación?
El acuerdo es un mal menor, cree la Comisión Europea y probablemente una mayoría de eurodiputados. Obvian reconocer que ese texto muestra a Washington que la coerción y la amenaza funcionan.
Nos vemos el viernes.
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